
¿Porqué no tengo tu mismo coraje?
Cuando todo pasa,
ya no hay nada.
Así se siente. Fuerte, profundo, infinito.
El tiempo, otro día.
El ser humano, uno cualunque. Largas filas descentradas que se dirigen, o no, sin dirección, que se chocan y se tocan, en el más perfecto anonimato.
Y esta duda, y este peso, y aquel dolor y ese nuevo miedo, apelan al tiempo.
Dudo.
¿Y cuando se termina? Otra vez el tiempo. Pero no, otro día.
Y así, hasta el hartazgo, hasta la insoportabilidad. Esa misma insoportabilidad que genera el tiempo..., pero no, otro día.
¿Y a dónde queremos llegar?, ¿y si nunca nos detenemos realmente llegaremos...?
¿Y a dónde creemos que vamos si nos detenemos a ver desde donde partimos...?
O será que detenerse y ver de donde venimos nos demora, nos letarga...
Otra vez el tiempo, no. Otro día.
Pero, ¿no será que todo lo esperamos del tiempo...?
Sin embargo...otro día parece que es hoy, y aquí cabe otra duda, ¿es cuestión de tiempos o de conceptos...?
Pensemos, con calma, con esa misma calma que otorga el viento frío cuando se avalancha sobre mí, mientras estoy en la orilla de océano, o dentro de él, ese mismo que conspira para que naufrague...
Pánico, absurdo.
Palabras, disparos.
Todo parece verosímil, pero finalmente "todo lo sólido se desvanece en el aire"... ¿verdad, Berman?

No hay comentarios.:
Publicar un comentario