domingo, 13 de mayo de 2007

Destino...

Argentina: “La gente dice: ‘Hay que poner el hombro’. Quiere decir: ‘Hay que poner el culo’”.
Equívocos: “La gente no entiende las cosas más sencillas. Los otros días dije que en Buenos Aires comemos canelones o ravioles como la cosa más natural; si en cambio nos sirven empanadas, se las comenta, etcétera. Mis oyentes creyeron: a) que no me gustaban las empanadas; b) que estaba en contra de lo argentino”.
Baudelaire: “¿La fama de Baudelaire? La cursilería gusta. Qué triste llenar la literatura de almohadones y muebles y mostrar la maldad como meritoria. Baudelaire es la piedra de toque para saber si una persona entiende algo de poesía, para saber si una persona es un imbécil; si admira a Baudelaire, es un imbécil”.
Shakespeare: “¿Shakespeare es la cumbre del espíritu humano? Mejor no traducirlo; mejor no mirarlo de tan cerca; acabaremos por despreciarlo. ¡Qué dificultad tiene para contar las cosas más simples! ¿O estaba tan acostumbrado al estilo grandilocuente que no podía decir nada con sencillez?”
Literatura femenina: “Borges le dice a Silvina: ‘Llegó una carta, de una profesora, de nombre español, de una universidad norteamericana. Dice que se ha especializado en literatura femenina latinoamericana y que dará una conferencia sobre vos y Norah Lange. Que se especialice en literatura femenina no está bien. ¿Qué importa que sea femenina? ¿Por qué no de autores con ojos azules?’”.
Catolicismo, comunismo, surrealismo: Como decía Borges la otra noche, las dos primeras doctrinas permiten, por lo menos, la redacción de libros; los franceses parecen no haber advertido que el surrea-lismo, valga lo que valga la teoría, impide en la práctica la producción de páginas legibles.
Sexo: “Dios, al crear los animales, cuando llegó al sexo debió de estar cansado: servía también para orinar y estaba al lado del culo”.
Brasil y los negros: “Me preguntaron si me gustaba el Brasil. Les dije que no, porque era un país lleno de negros. Eso no les gustó nada. No se puede decir nada contra los negros. El único mérito que tienen es el de haber sido maltratados y eso, como observó Bernard Shaw, no es un mérito”.

Los fragmentos fueron extractados de diversas entradas del Borges de Adolfo Bioy Casares (Destino).

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